Has vuelto. Te duele todo, cada parte de tu anatomÃa, desde la punta de tus pies hasta tu cabeza, pasando por tus piernas, brazos y costillas. No puedes pararte y seguir caminado. Pero ante todo eso, ante todo el dolor, eres feliz. Porque has hecho todo con Ãmpetu, has gastado todas tus energÃas y esfuerzo en lograr atravesar la Cordillera Blanca, la misma que vive sus últimos dÃas, por eso tu esfuerzo, porque no habÃa tiempo que perder, porque la naturaleza también pierde ante la mala acción de otros hombres. Te duele todo, pero eres feliz y eso es lo que más importa ahora.
Has atravesado nevados imponentes, atardeceres de ensueño despertando el cansancio que pesaba sobre ti, y sensaciones diversas que ahora en tu cama, rendido ante el dolor, puedes recordar una a una, porque has estado a miles de metros sobre el nivel del mar tan cerca del cielo, con frÃo, con hambre, pero has pasado todo eso, ha sido una aventura única, y vuelves a repetirlo esta vez a media voz: Ha valido la pena. En tu recuento por el recorrido admitirás que fuiste muy valiente, llegaste a la ciudad y partiste a las montañas sin previo aclimatamiento, realmente fuiste valiente y osado., pero no tonto, te proveÃste de chocolates para el frÃo, de agua pura, de fruta para el hambre, de medias para el frÃo, de lentes para el sol, de todo lo esencial para iniciar el camino.
Pasaste por Yungay y Caraz donde en sus viejas calles disfrutaste del paisaje y probaste un helado de los distintos sabores que todos puedan imaginar, también visitaste el cementerio que se formó por aquel terremoto que sepultó a cientos de personas en la década del 70, viste la única iglesia que sobrevivió a la cólera de la naturaleza. Seguiste tu camino y el cansancio empezó por tu piernas cundo llegaste a los nevados y lagunas en lo más alto de las montañas, pero para ser sinceros no todo fue a pie, ciertas rutas las hacÃan en automóviles, pero lo demás si era a pie.
Dormiste y amaneciste con el frÃo, el viento te anunciaba un nuevo dÃa y el sol golpeaba a tus ojos, esa mañana irÃan a los nevados del Huascarán, donde para ahorrar energÃas un caballo te transportarÃa hasta donde el hielo invadÃa el camino, luego todo serÃa a pie, subir no es nada fácil, estás sobre abrigados, pero el sudor te hace pensar en deshacerte de ciertas ropas, lo piensas, lo haces. Llegas a lo alto te sientes el rey del mundo allá arriba, con frÃo, hambre, pero ha valido la pena. Luego sentirás dolor en todo tu cuerpo, pero seguirás pensando que valió la pena y que al otro año volverás por más a Huaraz (Allà se pueden conseguir hoteles baratos).Â
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