Un genial emprendimiento vivencial, exitoso y modélico, es el que se desarrolla en la comunidad quechua de Llachón, situado al norte de Puno, en la península de Capachica.

Allí, los comuneros reciben a los viajeros con sus tradicionales y su cordialidad; pero además se le brinda la oportunidad de navegar sobre el lago sagrado, gracias al proyecto Titikayak, desplegado en asociación con una empresa privada. Llachón tiene mucho que ofrecer y también, por enseñar.

Valentín Quise, comunero de Llachón, no le gusta el culto a la personalidad y prefiere la modestia a la hora de relatar la historia del proyecto de turismo rural y vivencial que tan bien se desarrolla en su tierra.

Pero lo cierto es que Valentín ha sido gestor y líder de una idea que en sus inicios no fácilmente comprendida por la comunidad, pero que ahora compone la mayor fuente de ingresos para todas las familias locales.

Como ha ocurrido con iniciativas comunitarias similares, los habitantes de Llachón veían pasar los turistas de largo, sin que este flujo impactara positivamente en su economía. Fue hace casi una década que Valentín, ante la imagen de las lanchas llenas de viajeros que se iban a Taquile y Amantani, decidió que era el momento de crear un nuevo circuito, que atrajera visitantes interesados específicamente en convivir con su comunidad, en una relación de aprendizaje mutuo.

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